Revista TAREA

Resultados

Jóvenes y Política. Desafíos Actuales de la Educación. Dialéctica y Sistematización

Edición 027 - setiembre de 1991

Propuestas Educativas

Nueva situación del país y desafíos a la educación

Manuel Iguiñiz

Objetivos de la educación regional. Propuesta para la Región Nor-Oriental del Marañón

Juan Castañeda Burgos

La dialéctica en la sistematización de experiencias

Alfonso Ibáñez

Politicas Educativas

Del Plan de Apertura Educativa a la lucha por la educación pública

Alberto Martínez y Alejandro Álvarez

Experiencias

La política desde los jóvenes

Martín Tanaka

Documentos

La política desde los jóvenes

Martín Tanaka

¡Qué comiencen las clases ya!

Comunicado

Reseñas

“Aprendamos nuestros derechos”. Guía metodológica para la educación en derechos humanos

Alejandro Cussianovich

Las ciencias sociales en la escuela primaria: Propuesta teórico-metodológica” de Luisa Pinto y Consuelo Pasco

Norma Reátegui

Editorial TAREA N° 27

Tarea Colectiva

 

Hasta hace poco la opinión pública no incluía a la educación entre los derechos constitucionales menos respetados en el país, quizás porque las múltiples violaciones del derechos a la vida ocupaban la atención nacional e internacional. Este año sin embargo, la huelga magisterial –como lo hizo en su momento el cólera con los servicios de salud pública- ha puesto en evidencia como nunca antes la situación caótica del servicio de educción pública y ha marcado el ingreso de la educción al repertorio de derechos fundamentales atropellados en nuestro país.

Durante los tres meses y medio que duró la huelga ¿qué nos enseñaron sus protagonistas? El Ministro de Educación y autoridades del sector dieron lecciones de peligrosa intransigencia. Todos conocemos de las restricciones fiscales pero el Ejecutivo provocó una prolongación del conflicto al negarse a atender, en la última etapa, las exigencias moderadas del gremio, dejar en suspenso a directores y subdirectores de los centros educativos que no se reintegraban a sus actividades, crear los comités de gobierno y declarar ilegal la huelga. Esta intransigencia del gobierno favoreció también a posiciones como las de Sendero Luminoso que agitan la lucha gremial sólo en cuanto es funciona a su confrontación político-militar. De otro lado en el Parlamento, la alianza Cambio 90-APRA, evitó la censura al Ministro de Educación propuesta por un grupo multipartidario.

La lucha del SUTEP ganó la adhesión de casi la totalidad de sectores sociales y corrientes políticas. La protesta tenía bases reales para producirse: el promedio del salario de los maestros peruanos era de 50 dólares mensuales. La adhesión se fue perdiendo sólo cuando lo prolongado de la huelga empezó a poner en peligro inminente el año escolar para millones de niños y jóvenes. La continuación de la huelga fue respaldada por bases del sindicato. No sólo por las más radicales sino por un sector significativo de maestros decididos a defender su dignidad profesional, duramente maltratada por el Ejecutivo y algunos medios de comunicación masiva. La principal lección para el magisterio consiste en definir más claramente las circunstancias en las que su protesta empieza a vulnerar el derecho a educase de las mayorías. El gremio debió buscar distintas salidas al conflicto llegado este momento.

La huelga movilizó a los padres de familia y la opinión pública tras una pronta solución. Figuras políticas, eclesiales y profesionales de la educación alcanzaron diversas sugerencias a las partes en conflicto: desde un mayor aporte económico de los padres de familia, hasta el incremento del Impuesto General a la Ventas, la mejora sustantiva de la capacidad de recaudación tributaria del Estado, entre otras. Los padres de familias buscaron sus propias salidas: aquellos con recursos trasladaron a sus hijos a escuelas privadas, otros promovieron asambleas para presionar por el reinicio de clases. Los maestros por su parte complementaron ingresos a través del comercio ambulatorio, clases particulares o formas informales de educación llamada “huelga sucia”.

Hoy la población sabe que la elevación de los salarios magisteriales es imprescindible pero a su vez insuficiente para resolver el crítico estado de la educación pública. La huelga de los maestros ha puesto sobre el tapete problemas más de fondo que la propia protesta y la forma de resolverla. Algunos de estos problemas son:

La deserción escolar, muy alta antes de la huelga y que ahora puede ser mayor. Deserción que de no atenderse tendrá graves repercusiones a largo plazo.

La deserción de los maestros más calificados del sistema escolar que también debe haberse incrementado después de la huelga. Para nadie es un secreto que cerca del 50% de maestros del sector público son intitulados. La crisis del sistema educativo estatal está provocando la migración del personal docente y técnico-administrativo más capacitado hacia otras actividades económicas o hacia la actividad educativa en el sector privado.

El financiamiento de la educación estatal, el rol del Estado y el derecho a la educación gratuita que algunos han puesto en cuestión, es otro tema. Vinculado a este se encuentra también el de la municipalización de la educación primaria ya anunciada por el Primer Ministro.

La búsqueda de nuevas formas de lucha sindical que involucren a los usuarios del servicio cuando este sea el caso para decidir conjuntamente las formas de protesta. Estas alianzas nos parecen necesarias para el caso de los servicios públicos, cuya paralización o mala calidad afecta a aquellos a los que debemos servir.

Estos temas junto con otros, deben empezar a ser discutidos por todos los interesados en contribuir a salvar la educación nacional de la situación en la que hoy se encuentra. La Revista Tarea aspira a contribuir desde sus páginas a este debate.

Este número incluye dos temas que pueden aportar en este sentido: la reflexión de Manuel Iguiñiz sobre los desafíos de la educación peruana en la situación actual del país y la posición crítica de dos investigadores colombianos, frente a los procesos de privatización y municipalización de la educación puestos en marcha por el gobierno del Presidente Gaviria en Colombia.

María Amelia Palacios